El envejecimiento, los hogares más pequeños y el menor crecimiento poblacional están cambiando la demanda.
La forma en que viven los colombianos está cambiando más rápido de lo que parece, y eso podría estar generando un desajuste entre las viviendas que se construyen y las necesidades reales de la población. Esa es una de las principales conclusiones de un análisis elaborado por la Universidad de los Andes, que advierte que el problema habitacional del país ya no puede medirse únicamente por la cantidad de viviendas disponibles, sino también por qué tipo de hogares están emergiendo y qué capacidad tienen para acceder a ellas.
El estudio sostiene que Colombia atraviesa una transformación demográfica profunda marcada por el envejecimiento de la población, el crecimiento de los hogares pequeños y una desaceleración en el crecimiento poblacional; cambios que están modificando la demanda habitacional y plantean preguntas sobre si la oferta actual responde realmente a la población que busca independizarse, formar nuevos hogares o adaptarse a nuevas formas de vivir.
Los hogares están cambiando más rápido que la vivienda
Uno de los principales hallazgos del documento es que el aumento de hogares no significa demanda equivalente por vivienda nueva. Según los investigadores de la facultad de Economía de esta universidad, suele asumirse que más hogares implican automáticamente más compradores, pero esa relación no siempre se cumple.
La razón es que existe una diferencia entre demanda potencial y demanda solvente. Es decir, puede haber personas que necesiten una vivienda o quieran independizarse, pero que no cuenten con los ingresos suficientes para comprarla.
Este fenómeno no pasa desapercibido en un contexto en el que los precios de la vivienda han mostrado incrementos superiores al crecimiento de los ingresos reales de los hogares, dejando como resultado, la necesidad habitacional persiste, pero la capacidad efectiva se vuelve más limitada.
La investigación plantea que este desajuste obliga a mirar más allá de las cifras tradicionales sobre déficit habitacional y a analizar con mayor detalle quiénes están demandando vivienda y qué características tienen esos hogares.
Vivir solo no significa querer un apartamento más pequeño
Otro de los puntos que cuestiona el análisis es la idea de que el crecimiento de los hogares unipersonales justifica la expansión de microapartamentos o de viviendas cada vez más reducidas. Según el documento, el mercado ha tendido a asociar hogares pequeños con preferencia uniforme por espacios de menor tamaño. Sin embargo, la evidencia muestra que las personas que viven solas conforman un grupo diverso.
En Bogotá, por ejemplo, los hogares unipersonales representan cerca del 21% del total. Pero detrás de esa cifra conviven realidades muy distintas en la que hay adultos mayores, personas con restricciones económicas, hogares vulnerables y ciudadanos de diferentes niveles de ingreso.
Por esa razón, los investigadores advierten que no todos los hogares tienen las mismas necesidades habitacionales ni buscan las mismas soluciones de vivienda. La conclusión es que el tamaño del hogar no basta para entender la demanda futura del mercado inmobiliario.
FUENTE: PORTAFOLIO